La resurrección corporal de Jesús es la afirmación central del cristianismo. El historiador N.T. Wright la llama "la mejor explicación de los datos históricos". El filósofo Gary Habermas ha catalogado el consenso académico. ¿Qué muestra realmente la evidencia?
Gary Habermas ha revisado más de 3.400 publicaciones académicas sobre la resurrección. Su método de los "hechos mínimos" utiliza únicamente hechos que cumplen dos criterios estrictos: (a) están respaldados por múltiples fuentes independientes, y (b) son aceptados por la gran mayoría de los eruditos, incluidos escépticos y no cristianos.
Cinco hechos superan este filtro:
La primera carta de Pablo a los corintios (escrita hacia el año 55 d.C.) contiene lo que los eruditos reconocen universalmente como una fórmula credal preexistente que Pablo "recibió" y "transmitió":
"Cristo murió por nuestros pecados según las Escrituras, fue sepultado, resucitó al tercer día según las Escrituras y se apareció a Cefas, y luego a los doce..."
Los eruditos fechan este credo dentro de los 3 a 5 años posteriores a la crucifixión, y algunos sostienen que se formuló en cuestión de meses. Esto es extraordinario: significa que las afirmaciones centrales sobre la resurrección no fueron leyendas desarrolladas durante siglos. Fueron proclamaciones formales que circulaban dentro de la memoria viva de los testigos presenciales.
En su obra académica de 800 páginas The Resurrection of the Son of God, el historiador N.T. Wright sostiene que dos hechos exigen explicación:
Wright concluye que ninguno de los dos hechos por separado es suficiente, pero que juntos ofrecen un caso históricamente convincente. Examina en detalle cada hipótesis alternativa (alucinación, conspiración, tumba equivocada, leyenda, resurrección espiritual) y demuestra que todas fracasan a la hora de dar cuenta de la totalidad de la evidencia. La resurrección corporal, sostiene Wright, sigue siendo la mejor explicación histórica.
Los cuatro Evangelios nombran a mujeres como las primeras testigos de la tumba vacía. En la cultura judía del siglo I, el testimonio de las mujeres no era admisible en los tribunales. Si los discípulos estuvieran inventando la historia, nunca habrían puesto a mujeres como testigos principales: habría minado su credibilidad. Este detalle supera con fuerza el "criterio de vergüenza": se explica mejor por el hecho de que sencillamente eso fue lo que ocurrió.
Los discípulos experimentaron alucinaciones inducidas por el duelo.
Las alucinaciones son individuales y subjetivas: no ocurren simultáneamente en grupos. No pueden explicar la tumba vacía. No pueden explicar la conversión de Pablo (que no estaba de duelo) ni la de Santiago (que era escéptico). Y las alucinaciones suelen reforzar expectativas ya existentes: los discípulos no esperaban una resurrección, pues la teología judía anticipaba la resurrección al final de los tiempos, no la de un solo individuo en medio de la historia.
Los discípulos robaron el cuerpo y mintieron sobre la resurrección.
Esta teoría exige que todos y cada uno de los discípulos originales sostuvieran una mentira deliberada bajo tortura, encarcelamiento y ejecución, sin que un solo miembro se quebrara. Los mentirosos son malos mártires. La gente muere por creencias que sostiene sinceramente, pero no muere por afirmaciones que sabe que son falsas.
Los relatos de la resurrección se desarrollaron gradualmente como leyendas a lo largo de generaciones.
El credo prepaulino fecha la proclamación de la resurrección dentro de los 3 a 5 años posteriores al suceso, demasiado temprano para un desarrollo legendario. Las leyendas requieren el paso de generaciones, no de meses. Los testigos presenciales seguían vivos y podrían haber sido consultados o haber contradicho el relato.
¿Por qué consideran los eruditos que el credo prepaulino de 1 Corintios 15 es tan significativo históricamente?
Cinco hechos mínimos, aceptados por prácticamente todos los historiadores, exigen una explicación. Las teorías alternativas (alucinación, conspiración, leyenda) fracasan cada una en dar cuenta de toda la evidencia. El credo prepaulino fecha la proclamación de la resurrección en cuestión de años, no de siglos. Como concluye Wright, la resurrección corporal sigue siendo la mejor explicación histórica de la totalidad de los datos.